Nuevos estándares internacionales impulsan el monitoreo riguroso de la uva de mesa chilena
La uva de mesa chilena, uno de los productos agrícolas más destacados y con mayor demanda en los mercados internacionales, por ello, enfrenta nuevos desafíos ante la entrada en vigor de requisitos más estrictos sobre residuos de plaguicidas en destinos clave como la Unión Europea, Estados Unidos y China.
Además, para garantizar la inocuidad y la calidad que demandan estos mercados, la industria agrícola chilena ha reforzado el control y monitoreo de plaguicidas en la fruta destinada a la exportación.
La actualización de la legislación fortalece el control de plaguicidas
El Gobierno de Chile, a través del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG), ha implementado nuevas normativas para regular el uso de plaguicidas en la uva de mesa.
Por consecuente, estas medidas buscan armonizar la legislación nacional con los estándares internacionales, facilitando el acceso a mercados exigentes y protegiendo la salud del consumidor y el medio ambiente.
Principales medidas en la regulación para la uva de mesa
- Restricción y actualización de ingredientes activos en plaguicidas, priorizando aquellos aceptados en mercados internacionales.
- Reforzamiento de programas de vigilancia y fiscalización en predios agrícolas.
- Exigencia de un sistema estricto de trazabilidad y registro de aplicaciones fitosanitarias.
- Incentivos para la adopción de Buenas Prácticas Agrícolas (BPA) y manejo integrado de plagas.
Por lo tanto, esta regulación obliga a productores, exportadores y laboratorios a coordinar esfuerzos para asegurar el cumplimiento, proteger la reputación del sector y mantener la competitividad internacional.
Desafíos y compromiso del sector agrícola chileno
Los recientes cambios en los límites máximos de residuos (LMR) y prohibiciones de ciertos plaguicidas obligan a los productores de uva de mesa a mejorar sus programas fitosanitarios y adoptar mejores prácticas agrícolas.
Además, la colaboración entre productores y laboratorios como AGQ Labs es clave para evitar rechazos en frontera y garantizar la calidad e inocuidad del producto.




